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PobreEl mejor 

Labor educativa de la Provincia de los PP. Paules de Puerto Pico. Por el P. Manuel Prado, C. M.

Desde los días de su fundación, la Congregación de la Misión se ha enfrentado con la necesidad de buscar una interpretación practica de lo que es la evangelización de los pobres.

El mismo San Vicente sacó la conclusión de que esa evangelización del pobre no tenía gran futuro si no se proveía a las

parroquias de buenos sacerdotes y a los pobres y enfermos del cuidado de las Hijas de la Caridad, o al m

enos de las Asociaciones de la Caridad, que soportasen su dignidad de hombres redimidos. Por ello se embarcó en el trabajo de los seminarios y en la fundación y dirección de las Caridades e Hijas de la Caridad.

Los PP. Paúles al extenderse durante el siglo pasado por los dominios del Imperio Español sintieron, en varios lugares y diferentes coyunturas, la necesidad de dedicar sus esfuerzos a eliminar la ignorancia de los pobres evangelizados. Así fueron naciendo seminarios, seminarios/colegios y escuelas. La industrialización incipiente y el nuevo urbanismo hacían imperativo este esfuerzo y, en muchos lugares, no había nadie dispuesto a arriesgarse en esa aventura.

Esta reseña de la labor educativa de los PP. Paúles en Puerto Rico se limita a constatar ese hecho en el contexto pastoral de esta Provincia Eclesiástica de la Congregación. Las escuelas del pasado y del presente de la Provincia fueron todas, el menos de un principio, el resultado de la percepción de una necesidad pastoral de dotar al pobre de una educación que le liberara y reforzase su dignidad como hombre y cristiano.

La educación del clero.

La jerarquía local ha llamado dos veces a los Paúles para que se encargaran de la formación de los sacerdotes seculares. Las dos veces la Congregación se sintió honrada de responder prontamente y también de dejarlo en mejores manos cuando se le pidió que lo hiciera.

El seminario de San Ildefonso se nos encomendó en la última década del siglo pasado. La invasión americana puso fin a esa obra. De nuevo en 1924 se reorganiza el seminario en la ciudad de San Juan y, de nuevo se nos llama. Los PP. Paúles responden generosamente con personal abundante y lo dirigen hasta que en 1948 se les pide que se lo entreguen a los PP. Jesuitas.

El periodismo.

Dada la vulgaridad y mercantilismo del periodismo local de hoy día se puede dudar de su labor educativa. Pero nuestros sacerdotes de la parroquia de la Guadalupe de Ponce, la única en la ciudad por muchos años, nunca tuvieron ninguna duda al verse inundados por la influencia anglosajona y protestizante de la invasión americana. Con ahínco y perseverancia se embarcaron en la publicación de un semanario, “El Ideal Católico”, que bajo varios nombres se editó por cuarenta años. Para mantenerlo usaron sabiamente la ayuda financiera y moral de los seglares, organizados en una asociación para ese propósito.

El periódico era proselitista y, habiendo nacido para las controversias y la apologética, sazonaba la información con la defensa de la Fe y de la Iglesia en la atmósfera librepensadora de Ponce, donde el anticlericalismo y la intriga habían hecho necesario que los PP. Paúles llegaran, en 1892, bajo la protección de la guardia civil

Las primeras escuelas.

A los cuatro años de tomar la parroquia nuestros sacerdotes sintieron la necesidad apremiante de un colegio de alguna envergadura. La Congregación destinó al Colegio de San Vicente Paúl a cuatro sacerdotes en 1896 que, se pusieron con alma y corazón, a la enseñanza directa e inmediata de la juventud. Pero la empresa se derrumbó ante las incertidumbres del cambio de soberanía y no llegó a ver el nuevo siglo.

Fallando este experimento, los párrocos emprenden algo más sencillo y práctico: escuelas parroquiales. La primera es una institución llamada “escuelas de la propaganda de la fe”. Una “Asociación de Damas”, que llevaba ese mismo nombre, bajo la dirección de los sacerdotes y con la ayuda de las Hijas de la Caridad de otra escuela parroquial para señoritas, La Sagrada Familia, corre con el trabajo educativo y ayudan a financiarlo. No pasan del año 1915 ninguna de las dos porque el gobierno impone límites a la inmigración de las Hermanas y éstas tienen que replegarse con lo que las escuelas son abandonadas. Aún sobrevive una tercera escuela parroquial en Ponce y es la “escuela parroquial de San Vicente” pero languidece poco a poco hasta suprimirse en 1926 debido esta vez a que no puede atraer suficientes estudiantes en competición con las escuelas gratuitas del gobierno.

Colegio de la postguerra.

La Guerra Mundial y sus secuelas sacudieron el Caribe lo suficiente para renovar una conciencia de autonomía que estaba latente y amedrentada en esta Isla de Puerto Rico. Coincidiendo con la descolonización la Isla vota y consiente ser, al menos temporalmente, parte, aunque no totalmente integrada de los Estados Unidos. También la Provincia de Madrid de la Congregación de la Misión, que controlaba la Viceprovincia de Puerto Rico, le corta las amarras, aunque seguirá proveyendo generosamente el personal.

Así, a finales de la década de los cuarenta durante los próximos veinte años, se conjugan una serie de hechos religiosos y sociales que hacen que se renueve el interés por la educación. La abundancia de vocaciones en España y el exilio de los Paúles de Cuba son una oportunidad de adquirir y renovar personal. En esta coyuntura la Congregación ve y aprovecha la oportunidad de establecer casas en la República Dominicana.

La sociedad puertorriqueña es sacudida por la nueva realidad del Estado Libre Asociado y la política populista y el liberalizante de Muñoz Marín que favorece una rápida industrialización y el consecuente urbanismo en una Isla hasta ahora casi totalmente rural. La población baja de los montes buscando trabajo para el que no está preparada. La precipitada concentración y desmarcación en el anonimato de las ciudades resiente la fe y la moral al desquiciar sus puntos de referencia campesinos. Los feligreses son ovejas buenas pero perdidas en la niebla donde ahora la Iglesia ha de disputárselas a las sectas protestantes.

Esta situación lamentable y la presencia de personal más abundante hacen posible la nueva floración de escuelas. La Jerarquía persigue la misma solución y establece la Universidad Católica en Ponce para la que pide personal. Los superiores de la C. M. responden preparando y asignando a la enseñanza universitaria a cuatro sacerdotes.

Pero el mayor esfuerzo se hace posible a nivel parroquial proveyendo escuelas primarias y secundarias. En veinticinco años se fundan seis escuelas en Puerto Rico y tres en la Republica Dominicana. Así nacen lo que ahora se llama eufemísticamente, colegios, aunque en realidad no pasen de ser simples escuelas. El Pilar, San Vicente de Paúl y el Sagrado Corazón surgen adosadas a las parroquias del mismo nombre en San Juan. En Ponce se funda La Milagrosa, San Vicente y la academia de Cristo Rey. En la republica Dominicana aparece el colegio de San Francisco de Macorís y, el de Los Minas y La Milagrosa en la Capital.

No obstante el propósito de servir a los feligreses no es la parroquia ni la constructora ni la financiadora de empresas. La falta de un programa coordenado de las diócesis y la escasez de fondos no hacen esto atractivo. Tal vez la Congregación busca una cierta independencia del “beneplácito” jerárquico a que están sometidas por ese beneplácito-. El hecho constatable es que es la Congregación la que se responsabiliza totalmente de los nuevos colegios de Puerto Rico. Los de la República también caen bajo nuestra responsabilidad, aunque allí el Gobierno apoya, subvenciona y protege la educación privada y religiosa.

De todas estas nueve escuelas se puede afirmar que nacieron para servir a los pobres y que, dentro de su nivel, lo hicieron satisfactoriamente. Dos de ellas crecieron hasta crear conflictos que llevaron a su traspaso a otras entidades. El Colegio del Pilar pasó a la diócesis y la Academia de Cristo Rey a una corporación de padres de los alumnos. Las siete supervivientes en manos de los PP. Paúles siguen fieles a la filosofía educativa de promover al pobre, hacerles económicamente posible el acceder a ellas, y en cuanto se pueda, dar preferencia a los feligreses.

Nuestra influencia en la educación de los alumnos.

Para evitar equívocos entre los que no conocen esta Provincia es necesario explicar sin paliativos la manera de llevar las escuelas de hoy día. La mejor educación es, sin duda, aquella en la que el alumno absorbe información y valores inconscientemente de su contacto directo con el educador. Lamentablemente eso no es posible; en este momento, en la provincia no disponemos ni de personal suficiente, ni de la preparación formal adecuada. Los pocos sacerdotes destinados a directores tienen una edad o una mentalidad que no les facilitan la conexión con niños o adolescentes de kinder, primaria y secundaria.

Con la información de que dispongo se puede decir que ese contacto directo e inmediato con el estudiante sólo se intentó en el primer colegio. En las escuelas de hoy no se descarta la posibilidad de ese contacto pero, aunque algún sacerdote enseñe alguna asignatura como filosofía, no se puede insistir en él porque no sería posible asumir clases regularmente al hallarse el director cargado de otros oficios como superior, procurador y vicario. Las interrupciones son constantes e impredecibles.

En esta situación se opta por una vía media entre dejar las escuelas a la deriva y atarse exclusivamente a la enseñanza. Se supone que el director funcione como capellán, consejero ocasional de los alumnos, mantenga contacto con la principal, se ocupe de la contratación, formación y animación de los profesores y supervise, si no lo hace de una manera directa, las finanzas.

Afortunadamente la Congregación, por medio de los visitadores, se ha preocupado de contratar comunidades de personas consagradas que cooperen en la administración y educación a tiempo completo. Así en todos los colegios, la principal es siempre una Hermana y ella misma y sus compañeras se encargan de la mayoría de las clases de educación religiosa. En esto tenemos la suerte de contar con las Hijas de la Caridad. Las Avemarianas, una congregación de franciscanas estadounidenses y las Hermanas de Fátima de Santo Domingo.

La presencia de estas “religiosas” hace que nuestras escuelas aparezcan como algo más que empresa educativa y manifiesta claramente que nuestra razón de estar presentes en el campo de la educación es la formación humana y religiosa.

 
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