
Sábado 11 de enero de 2025
IIa Semana de Navidad
+Lectura del santo evangelio según san (Lucas 5,12-16)
En aquel tiempo, estando Jesús en un poblado, llegó un leproso, y al ver a Jesús, se postró rostro en tierra, diciendo: «Señor, si quieres, puedes curarme». Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero. Queda limpio». Y al momento desapareció la lepra. Entonces Jesús le ordenó que no lo dijera a nadie y añadió: «Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que Moisés prescribió. Eso les servirá de testimonio». Y su fama se extendía más y más. Las muchedumbres acudían a oírlo y a ser curados de sus enfermedades. Pero Jesús se retiraba a lugares solitarios para orar.
Reflexión. –
El milagro de la curación del leproso tiene algunas características peculiares: no dice el nombre del leproso ni del pueblo al que pertenecía; al ver a Jesús, el leproso se postra rostro a tierra, señal de que le reconoce como su señor; respeta y acepta la voluntad de Jesús, le pide: "si quieres, puedes limpiarme (curarme)"; Jesús rompe la barrera de la ley judía: "lo tocó", sin embargo no aparece ningún reclamo (parece que no había por allí ningún fariseo ni maestro de la ley); y es entonces cuando viene el milagro: "Quiero, queda limpio".
Luego del milagro, Jesús manda al leproso a cumplir un protocolo final: guardar el secreto mesiánico de no contarlo a nadie e ir a presentarse al sacerdote, para cumplir por su purificación lo que mandaba la ley de Moisés. Así el leproso actúa en la novedad de la ley de Jesús, sin ser un rebelde ante la vieja ley.
Es notable también como Jesús, a pesar de que muchas personas le buscan para que les cure, él se retira al despoblado para orar. La curación física no es su finalidad última, sino sólo un reflejo de su poder salvador.
ORACIÓN: Señor, que yo sepa pedirte aceptando tu voluntad.