Jueves 16 de Enero de 2022
Ia Semana del Tiempo Ordinario

+Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,40-45)

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.» Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

Reflexión. –

Jesús recorre todas las aldeas de Galilea predicando la Buena Noticia del Reino de Dios. En una, se presenta ante Él un leproso, uno de los marginados y separados de la sociedad, quien, con profunda fe, el leproso se acerca, se pone de rodillas y se entrega a la voluntad de Jesús confiando en que Él lo puede sanar. Con humildad le dice “Si quieres, puedes purificarme”.

El Maestro de Nazaret, lleno de compasión y aun sabiendo que no se debe tocar a un leproso, extiende su mano amorosa, lo toca y le responde “Lo quiero, queda purificado”. Pasa lo increíble, Jesús no queda impuro, sino que transmite su pureza al leproso. Este queda sin lepra y purificado; el hombre marginado y excluido es ahora reintegrado, el destinado a la muerte ahora recupera la vida. Y, a pesar de la orden del Maestro, el hombre purificado pregonó su salvación. Señor, que podamos nosotros, al experimentar Tu poder salvador, alabarte y convertirnos en profetas de tu gloria y poder.

Los que buscamos a Jesús seguimos siendo multitudes y hemos de seguir siendo cada vez más. Sin embargo, no hemos de olvidar la invitación y el compromiso de mejorar la calidad de nuestro seguimiento.

ORACIÓN: Señor, límpiame, renuévame, fortaléceme...




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