Viernes 17 de Enero de 2022
Ia Semana del Tiempo Ordinario
San Antonio, Abad

+Lectura del santo evangelio según san Marcos (2,1-12)

Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados quedan perdonados.» Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: «Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede
perdonar pecados, fuera de Dios?» Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: «¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar"? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados...» Entonces le dijo al paralítico: «Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa.» Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto una cosa igual.»

Reflexión. –

La lectura de hoy nos presenta una dramática escena: lo que pudo haber sido una simple curación, se convirtió en una tensa confrontación teológica. Jesús perdona los pecados del paralítico, a quien, con tanta fe y trabajo, sus amigos han colocado en su presencia para que lo sanase. Ese perdón, que no era esperado, fue considerado una blasfemia por los escribas presentes pues sólo Dios puede perdonar los pecados. Entonces Jesús usa su poder para sanar al paralitico ordenándole que se levante y marche a su casa.

Con esta acción sobre el cuerpo les demuestra que también tiene autoridad para sanar el alma. Así, el evangelista ya nos está señalando el cargo con el que las autoridades judías buscarán más adelante la pena de muerte para Jesús por blasfemia. Llevemos ante Jesús las fallas de nuestro pasado que todavía nos cuestan y escuchemos Su deseo de perdonarnos y de que nosotros también nos perdonemos. Si estamos entre los amigos de Jesús que tienen fe autentica, nosotros mismos y las gentes veremos a Dios obrar sus maravillas en nuestra vida, algunas de ellas tan significativas que alguien clamará que nunca había visto cosa igual.

ORACIÓN: Tú me has sanado, Señor, que no me queje por cargar con mi camilla.





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