
Jueves 23 de Enero de 2022
IIa Semana Ordinaria C
+Lectura del santo evangelio según San Marcos (3,7-12)
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, y lo siguió una muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón. Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una lancha, no lo fuera a estrujar el gentío. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Cuando lo veían, hasta los espíritus inmundos se postraban ante él, gritando: «Tú eres el Hijo de Dios.» Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.
Reflexión. –
En esta lectura Marcos nos presenta la gran diversidad de la gente que, advirtiendo lo que Jesús estaba haciendo, se acercaban a Él con el deseo de tocarlo y ser sanados. El amor que emana de Jesús se manifiesta en sus prédicas, curaciones y exorcismos. Un gran número de viajeros iba al lago de Galilea a encontrarse con Jesús, dando idea de cómo crece su reputación. Los lugares de donde proceden, señalados por Marcos, son poblaciones mayoritariamente judías y representan el Norte, el Sur, el Este y el Oeste. Son personas ordinarias y sin importancia que le ofrecen una recepción entusiasta.
Vemos que Jesús no quería popularidad: no estaba buscando seguidores para afirmar su identidad porque Él sabía bien quién era. Definamos nuestra identidad también en ser un hijo o hija de Dios que mantiene una relación de amor con el Creador y Fuente de Vida. Qué pena que tanta gente como le seguía no pudieran captar el milagro del Reino y de la salvación! Igual hoy para los que seguimos a Jesús: necesitamos más formación. Es que el Reino de Dios necesita prisa en ser acogido, pero mucha paciencia, comprensión, entrega y sacrificio para irse desarrollando en las personas y en el mundo.
ORACIÓN: Sigue, Señor, revelándonos los secretos de tu Reino.